Ilusiones tardías
Al
final de mi vida, van apareciendo cosas que antes no imaginé. En mi niñez peleaba
cuando me ordenaban regar las flores, decía: "es trabajo de mujeres", hoy intento
cultivarlas, regarlas y cuidarlas, con la ilusión de verlas crecer y con flores.
La vida va cambiando, y con ella nuestras prioridades
Aparecen,
personitas que van involucrándonos, sin darnos cuenta y se va volviendo una
obligación, cuidarlas, pero dejando que sus papás las eduquen bajo su
responsabilidad. Así no tendremos que responder por sus comportamientos, solo
queremos que sean sanos, se eduquen y sean productivos a la sociedad, esa ilusión
nos hace pensar, si seremos lo suficientemente longevos para ver el resultado.
Silfos
Inca collarejo
Cuidar
las aves, aprender a admirarlas y ofrecerles un lugar donde puedan vivir y
sobrevivir, es mi mayor prioridad en la actualidad, otro cambio radical de
comportamiento. Mi pasatiempo favorito, sentarme en mi mecedora y observar,
cómo los colibríes se disputan la comida, son combates aéreos, como en las
mejores películas de aviones, se lanzan al ataque para intimidar al visitante e
intruso, que les disminuye su comida. He cultivado para ofrecerles un
restaurante de 5 Michelines, las plantas que florecen y son apetecidas por
ellos.
Una buena chimenea, gracias a mi cuñado Germàn, el la construyo
El restaurante más antiguo.
Un compañero fiel, mira, escucha y calla, sabe guardar secretos. Ya se está volviendo viejo como yo, pero hace el esfuerzo.
Mi cabaña y otro restaurante.
En
el colegio Alonso Olalla de Villeta, descubrí que me gustaba pintar. Ahora veo
y le ayudo a mi nieta Alma, me proyecto en ella, viendo cómo en su juego algo
aprende, cómo tomar el pincel y untar el color, por algo se principia.
La futura Monet de “El Pinar”.
El coguay, así lo llamábamos, un animalito que desapareció, o al menos no los he vuelto a ver, es un trogon, hermoso. El precio de la deforestación.
Nací entre perros y caballos, siempre quise que mis hijos los
disfrutaran, se logró, no tanto cómo hubiese querido, Germán su tío abuelo, le
permitió tener ese placer. Espero lo recuerde.
El polo, el caballo de papá, un trotón galopero, soñé que sería mío, pero no fue así, la
abuela me compró una yegua, negra, con muy bonita estampa, pero le faltaba, lo
que le sobraba al polo. Así que con la complicidad de los obreros, lo montaba
“en pelo” sin silla, lo amarraba con el cinturón o un laso, placer infinito,
tener ese Ferrari bajo mis pequeñas piernas..., no me dejaban montarlo, en él
iba montado papá cuando fue asesinado.
En mis ratos libres que ahora son muchos, veo como mis nuevas ilusiones.
Se hace difíciles, ver nacer y crecer una planta, una nueva flor, sembrar y
producir un aguacate, o un lulo, el agraz, ya es una realidad y algunas nietas
también, ya son una realidad.
Los
aguacates, mi frustración, aún no.
La primera fresa, para quien...
En esas tarde y parte de la noches que comparto con mi titán, pienso, y vuelvo a pensar alcanzaré a ver lo que he sembrado, me cogió la tarde. El calor de la chimenea, reconforta, el observar como se consume la leña, igual, como la vida, mucha fuerza al principio, pero siempre al final se apaga y solo quedan cenizas y recuerdos, me permite vivir mis ratos de soledad acompañada.





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